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abril 29, 2014 / La Ultima Reyna

“Los verdaderos cerreños”

Sobre Cerro de Pasco aun se insiste en avivar el discurso de una memoria instalada en un pasado al cual llaman “opulento”. Así, la “historia” -oficializada por intereses y legaña de colonizado- pone sobre relieve a los extranjeros que llegaron a esas tierras como dueños de minas y hacendados. A estos se los ha convertido desde un discurso conservador en el referente identitario de “lo cerreño”.

 Dicha “historia” es paporreteada con una acción en la que vemos como el pecho se infla de un orgullo casi irracional, a media que van enumerando los prestigiosos apellidos de los “notables mineros” de entonces. Todo lo “valioso”, lo “verdadero” y lo “inigualable” está centrado en ese tiempo pasado, pero más que en el tiempo en esa gente en particular. A ellos en nada se igualan – dicen- los “mal venidos”, y esta mención está referida a aquellos que han transitado caminos desde los distintos pueblos y comunidades para hundir sus pies en el socavón.

Esa “historia” legañosa no contempla su memoria en la presencia de los cientos de hombres y mujeres de las comunidades y de los pueblos colindantes a Cerro de Pasco, que construyeron ese lugar; y que constituye la población más numerosa. Esa historia tendenciosamente los ha borrado de su discurso hecho “para recordar”. Evocando el trabajo de la historiadora Cecilia Méndez (1), diré que la historia oficializada que nos retumba en el oído una y otra vez repite incansable “cerreños sí, serranos no”, una posición excluyente de identificación, un discurso segregador y racista: ¡Cerreños los de antes, los de apellidos de prestigio, los de noble cuna, los señores de abolengo. Los que poblaron la ciudad opulenta!

Esta “historia” está sostenida en una época anterior al inicio de las operaciones de la mina a tajo abierto, cuando los socavones se acomodaban uno al lado del otro, a los cuales los bautizaban con un nombre más curioso que al siguiente, entre algunos anoto:

– PATRIA
– cuadrante
– topacio
– sindicato
– DESTINO
– Sn. Julio
– JUSTICIA
– reconciliación
– rio Tinto
– Sn. Jorge
– La bolsa
– La Nueva California
– Garibaldi
– INVENSIBLE
– El Carmen
– Buenas obras
– CARIDAD
– El porvenir
– Rica Cerreña
– Sn. José el grande
– LA ESPERANZA

¿Esperanza para quién?… me pregunto

El ojo de Arguedas

El año 1936 José María Arguedas, publicó en la revista “Palabra. En defensa de la cultura” un artículo titulado “Cómo viven los mineros en Cerro de Pasco”, el que ahora está compilado en el primer tomo de su “Obra Antropólogica” publicado por conmemoración del centenario de su nacimiento (2). En este, Arguedas hace descripciones como la siguiente:

“Frente a nosotros hay una especie de ciudad donde las casas blancas se levantan al borde de grandes hundimientos verduscos. Sobre la tierra negra cruzan fajas de caminos y relejes. La gente camina, corre, se entremezcla sobre la tierra negra; sube y baja por esos anchos sepulcros. Es una tortura. Esto es Cerro de Pasco visto desde el camino” (Arguedas: 2012, 124).

El chofer, su interlocutor inicial, le devela la naturaleza de lo que observa:

“Pero esto no es el pueblo; son las minas; son los huecos dejados por los españoles y algunos hundimientos posteriores. Todo esto es un cascarón. Esas casas de paredes blancas son de los gringos. Buenas casas, calientitas y limpias. El pueblo está arriba, sobre ese morro del frente.” (Ídem)

“Los gringos” a quienes se refiere el hombre, son los norteamericanos de la Cerro de Pasco Corporation, quienes una vez llegados y después de comprar cada retazo de mina a los “ilustres mineros del Cerro de Pasco” construyeron su emporio, habitaron viviendas especiales sin acceso a “los poblanos”. Ahora el hombre añade:

“Esos castillos que se ven abajo, en la ladera, están en las bocaminas. Ese del frente es el más grande, uno de los más grandes de América: la mina Lourdes.” (Ídem)

¿Por dónde caminó Arguedas que no vio la opulencia? ¿Qué “ilustres cerreños” no se cruzaron en su camino?

“Y miro todo el laberinto, vuelvo mis ojos por todo este campo torturado. Los montículos de tierra verdosa parecen senos enfermos, carcomidos, malolientes. A unos metros de la casa de Piedra, hay una especie de muro alto de tierra negra, barrosa; sobre el muro unos hombres lampean el fango y echan paladas de barro sobre un camión. Hace frío insufrible, filudo; pero esos hombres tienen las piernas hundidas en el barro y manejan instrumentos de fierro que deben estar helados. (…) Sus caras no son blancas, ni cobrizas; no parecen ya indios ni mestizos; son de Cerro de Pasco, están morados. No tiritan ni hablan; doblados sobre el fango negro, escarban en silencio.” (Ibídem, 125)

Opulentos somos seamos lo siempre

Es penoso cómo el discurso de la “opulencia” y la identificación con el extranjero o el acaudalado hacendado que rara vez pisaba esas tierras, se haya convertido en la “oficialidad” que define al lugareño. Ese discurso carente de cuestionamiento y estampado en los membretes oficiales de las instituciones, en el que se muestra orgulloso un escudo donde se repiten hasta el hartazgo títulos que no simbolizan ni reivindican nada.
Es penoso también que se intente seguir sosteniendo una historia, sobre una memoria parcializada construida por unos cuantos que -valga el caso anotarlo- nunca pertenecieron a esa tan mentada “élite”, y cuyas aspiraciones solo terminan dejándolos en ridículo. Cerro de Pasco, ha sido y es caminada, sufrida y vivida por gente como la que a su paso encontró Arguedas, hombres y mujeres de extracción campesina, población que halló la única alternativa de sustento en el trabajo en las minas cuando vieron que sus tierras o eran usurpadas o aniquiladas con los humos:

“Moriremos también, fregados nomás. En vano dicen que los obreros vamos a mejorar, que vamos a ser dueños de minas, de fábricas. ¡Ahí están gringos! ¡Ahí está guardia civil! ¿Quién puede?…” (Ibídem, 126)

Nunca llegó la anunciada “lluvia de oro”

La Ultima Reyna

***

(1) Méndez Gastelumendi, Cecilia. Incas sí, indios no : apuntes para el estudio del nacionalismo criollo en el Perú. Lima : IEP, 2000

(2) Arguedas Altamirano, José María, Obra Antropológica. Tomo 1. Lima: Editorial Horizonte, 2012

Vista de un mercado en Cerro de Pasco, Perú. Pre-1950 - Cortesía de Paccarik Orue

Vista de un mercado en Cerro de Pasco, Perú. Pre-1950 – Cortesía de Paccarik Orue

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