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septiembre 12, 2013 / La Ultima Reyna

“La Última Reyna-Miss Cerro de Pasco: performance y contaminación”

Publicado en E-MISFÉRICA. Número dedicado a los discursos y prácticas de la disidencia hoy en día, (e-misférica is a biannual, peer reviewed, online journal published by the Hemispheric Institute of Performance and Politics.)

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OLGA RODRÍGUEZ-ULLOA | COLUMBIA UNIVERSITY (*)
Calle Marquez

Cerro de Pasco – Foto: david Gavidia

La performance de la Última Reyna, Miss Cerro de Pasco, es una puesta en escena de la disidencia. Esta disidencia ocurre y se practica desde varios ejes. Primero, desde la radicalidad de una propuesta performática que está adscrita a un territorio específico que es la ciudad minera de Cerro de Pasco, Perú, la cual es además un territorio que tiene como especificidad al tajo “Raúl Rojas” de 400 metros de profundidad.

Segundo, desde la exploración de los límites documentales y representativos de la performance como género. Es decir, la premisa documental y testimonial que hay en el trabajo de Elizabeth Lino y que se fusiona con la imagen de la reina de belleza. Dentro de esta propuesta, las redes sociales, los medios masivos y el internet son extensiones performáticas. Tercero, desde su planteamiento de un discurso disidente que se ancla en la memoria histórica de la ciudad, la cual pasó de ser un lugar de tránsito a convertirse en asentamiento minero para finalmente devenir en una concentración urbana problemática1, atravesada por una larga historia de lucha sindical y represión, por contaminación, pero también y, primordialmente, por afectos. Los afectos de sus pobladores quienes, pese a la dificultad de su entorno, han desarrollado un profundo amor por su ciudad. Entonces, ¿por qué tendría que ser problemática esta relación entre los habitantes y su ciudad? Parte de la respuesta se halla en la destrucción que supone la continua expansión del tajo y que obliga a la ciudad a mudarse, además de los altos índices de contaminación que merma la salud de los habitantes2. Sin embargo, no es la mudanza, ni siquiera el tajo, la dificultad más grande que los cerreños3 deben franquear. La lucha más apremiante está en la aplicación de políticas ambientales y de planificación urbana acordes con las necesidades de un territorio que tiene más de tres siglos de explotación minera y que es, literalmente, una herida en la tierra justo en medio del mapa peruano. Dichas políticas pasan por el reconocimiento de los problemas intrínsecos a la actividad minera en general y las condiciones históricas particulares de la minería en Cerro de Pasco. En el marco de un boom nacionalista que tiene como banderas el pisco y la gastronomía, y como racionalidad el crecimiento económico resultado de la explotación minera, el discurso de la Última Reyna es altamente impopular. Ella es una monarca que corta la música exitista del gobierno y los medios masivos para dirigir nuestras miradas hacia aquellas amplísimas áreas a las que la celebración no llega. Finalmente, el mensaje de Miss Cerro de Pasco subvierte el orden de la doctrina neoliberal que coloca el consumo por encima de la vida. Esta es la disidencia de una vida que quiere vivir antes que consumir.

Este proyecto creado por Elizabeth Lino bajo la dirección de Miguel Rubio tiene su origen en una ley dada en 2008 por el Estado Peruano que estipula surrealistamente la mudanza de la ciudad. Sobre esta realidad de emergencia urbana y ambiental, aparece el personaje:

Desde el año 2009 me auto-proclamo y corono como Miss Cerro de Pasco ‘La última Reyna’ de la Villa Minera y ciudad Real de Minas. Última, porque esta ciudad, de acuerdo a lo decretado por el Estado Peruano (Ley 29293) debe mudarse. Mi reinado durará hasta que la nueva ciudad sea construida, entonces entregaré la corona a la nueva soberana”. Este auto-nombramiento es un gesto análogo a la continua titulación y retitulación por parte de la autoridad a esta ciudad4. De ello se deja constancia en el documento de identidad real.

 Lino utiliza la figura de la reina de belleza como ícono mediático representativo de una femeneidad nacional, cuya espectacularidad tiene como aliados la complacencia del público y la anuencia de los políticos.No es raro ver fotografías de reinas recientes con alcaldes, ministros y jefes de Estado. Porque esta belleza femenina, definida en términos muy limitados, es un complemento necesario para la galería de muñecos nacionalistas.

En ese sentido, Lino también resignifica la labor de promoción turística asignada a las misses para difundir la gravedad de todo aquello que se considera como “remanente” de la industria minera, es decir, los agujeros contaminantes, la acumulación de desechos, la contaminación de lagunas y ríos, el alto índice de suicidios en jóvenes. Para los especialistas estos fenómenos son “pasivos mineros”, para la Última Reyna son espacios simbólicos sobre los cuales se interviene a través de la performance y la difusión, enlazados a una memoria histórica local y a un repertorio de prácticas de resistencia cuya activación es constantemente acallada tanto por la empresa privada, como por el Estado, que le sirve de policía, y por los principales medios masivos que participan también del pastel minero.

 La Última Reyna también explora la paradoja de la actividad minera que remite a la realeza colonial, a la riqueza y a la opulencia, pero que deja miseria y contaminación en los poblados con los que convive. Es un personaje que materialmente encarna su propia ruina, ser representante, cabeza y cuerpo, de un territorio destruido.

En la Romería a la laguna Quiulacocha, la Última Reyna nos ofrece una performance que es peregrinación.5 Quiulacocha significa laguna de las gaviotas y es, como muchas lagunas en el imaginario andino, un lugar sagrado. La contaminación de esta laguna empieza en los años veinte en el marco de un proyecto de modernización nacional que se denominó “Patria Nueva” durante el oncenio de Leguía (1919-1930)6. Hoy la laguna es un relave minero con concentraciones de cobre, plomo y zinc, metales altamente tóxicos que contaminan los suelos y el agua que consumen los habitantes de la ciudad. Así, en esta romería, nos trasladamos con la Miss Cerro de Pasco a lo que ella aclara es “un lugar de memoria, un espacio de confrontación política NO una escenografía”. Ataviada con su parafernalia monárquica y llevando margaritas amarillas que sirven de ofrenda, la Última Reyna hace el camino a la relavera acompañada de músicos y pobladores. Recuerda con su pueblo la larga historia de lucha civil en Cerro de Pasco, lucha que actualmente se suma a las protestas en Cajamarca, en el norte del Perú, cuyos vecinos están siendo fuertemente reprimidos por el Estado y por las trasnacionales mineras Buenaventura y Newmont7.

La romería es una fiesta popular que, en este caso, se llena de luto debido a la profanación del santuario. En ese sentido, el luto de la performance no deja de ser amargo, pero tiene también una cualidad liberadora que viene del recuerdo. La certeza de que a través del viaje se recupera el sentido de la lucha y se incide en el potencial creador de la memoria. Es decir, el recuerdo instala nuevamente la esperanza en la acción política colectiva mediante esta configuración simbólica y performática de cuerpos, objetos e imágenes. En un acto de humildad la Miss Cerro de Pasco, se quita corona, banda y cetro, colocándolos metódicamente en el suelo, para luego ofrecerle a la antes laguna margaritas amarillas y pétalos rojos.

El poder visual y corporal de la performance se ve incrementado por las notas de la muliza cerreña “El obrero” creada en 1924 por Graciano Rixi (música) y Manuel Grijalba (letra)8: “En vano niña pretendes/ Despreciar así al minero/ Olvidando que es sincero/ El amor del pobre obrero// De mi cara la negrura/ No es de color permanente/ Es color que diariamente/ Baña el sudor de mi frente”.

 

La Última Reyna actúa en múltiples campos de visibilidad: el espacio público, el virtual y el escénico. No hay recoveco en el que su mensaje no se filtre ni tampoco medio en el que su acción se apague. En su página electrónica laultimareina.wordpress.com se puede ver una multiplicidad de manifestaciones que van desde entrevistas realizadas por ella, pasando por fotomontaje, cronologías históricas, videos, performance, campañas publicitarias, documentos de variada índole, etc. Ello se explica, en parte porque Elizabeth Lino tiene una formación literaria, teatral, performática y antropológica.

La ubicuidad de su mensaje es quizá una manera de responder a la ubicuidad de la contaminación por metales en Cerro de Pasco. Frente a la mortífera realidad de la contaminación que lo abarca todo, que toma todas las formas —aire, agua, alimentos, carnes, verduras, frutas, hierbas, gente, niños, ancianos— y que además mueve literalmente montañas y ciudades, la Última Reyna-Miss Cerro de Pasco invade igualmente la imaginación de quienes están expuestos a su performance y lo hace a través de una ferviente defensa por la vida, desde la disidencia y la fuerza de la vida amenazada.


(*) Olga Rodríguez-Ulloa is a Ph.D. candidate in the department of Latin American and Iberian Cultures at Columbia University. Currently, she is writing her doctoral dissertation on cultural practices, historical memory, and violence. Together with other students at Columbia and NYU, she organizes a discussion group, Crítica Latinoamericana, which will soon launch its own electronic publication. In Peru, she has worked in the editorial departments of the journals Casa de Citas: Revista de Literatura (2005-2007) and Libros y Artes de la Biblioteca Nacional del Perú (2005-2007).

Notas

1 En Los mineros de Cerro de Pasco (1900-1930). Un intento de caracterización social, el historiador Alberto Flores Galindo documentó esta mutación que se da en los trabajadores de minas de la zona, de campesinos, jornaleros temporales, a obreros mineros con conciencia de clase, quienes ya para finales de los años veinte estaban en contacto con la Internacional y familiarizados con la ortodoxia del Partido Comunista. (116)

2 De acuerdo con un estudio realizado por el ambientalista Flaviano Bianchini, los metales pesados encontrados en el agua de Cerro de Pasco son el plomo, de mucho impacto en el cerebro y el sistema óseo; el aluminio, que afecta la vista y la piel; el arsénico, perjudicial para el corazón; el cadmio que repercute los huesos; el cromo y el selenio, cancerígenos, que también producen malformaciones congénitas. El 100 % de la población de Cerro de Pasco tiene cuatro veces más la concentración de níquel permitida en el cuerpo humano por la Organización Mundial de la Salud.<https://laultimareina.wordpress.com/galeria/entrevistas/>

3 Gentilicio de Cerro de Pasco. También se usa con el mismo fin el término “pasqueño/a”

4 “Ciudad Real de Minas”, rey español Felipe IV en 1639; “Villa Minera de Cerro de Pasco”, virrey Manuel Amat y Juniet en 177; “Ciudad Opulenta”, presidente Agustín Gamarra en 1840 y “Capital Minera del Perú”, IV Convención de Ingenieros de minas en 1960.

5 La romería se llevó a cabo en el contexto del proyecto de arte urbano AFUERA que tuvo una primera versión en Cerro de Pasco en julio de 2012 <http://www.proyectoafuera.com/index_esp.html>

6 En 1913, la Asociación Pro-Indigena había publicado un texto de Dora Mayer, La conducta de la compañía minera Cerro de Pasco, en el que se denunciaba la explotación de los trabajadores y las prácticas estatales por demás serviciales con la empresa minera.

7 La población se opone al proyecto Conga, el cual contempla el vaciamiento de la laguna El Perol para ser convertida en tajo abierto. Como depósito de los desechos de dicha extracción se usaría la Laguna Azul. Todo ello afectaría a 20 lagunas más y a todo el ecosistema de la región.<http://conganovamas.blogspot.com/2012/03/el-precio-de-las-lagunas.html>

La muliza es un género que nace en Cerro de Pasco y que está sumamente ligada a la memoria minera


Obras citadas

Flores Galindo, Alberto. 1993. Obras Completas. Tomo I. Lima: Fundación Andina; SUR Casa de Estudios del Socialismo.

Lino, Elizabeth. La Última Reyna. Miss Cerro de Pasco.

Mayer, Dora. 1984. La conducta de la Compañía Minera Cerro de Pasco. Lima: Labor.

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